Rindes a oleadas: cómo poner cada tarea en su hora

Hay una hora del día en la que escribes un correo difícil en diez minutos y otra en la que el mismo correo te lleva cuarenta y sale peor. Entre una y otra no has cambiado de persona. Ha cambiado el momento, y casi nadie organiza su día contando con eso.

La mayoría de las agendas tratan todas las horas como si valieran lo mismo. Las nueve y media, las tres y cuarto y las seis de la tarde son casillas intercambiables donde cabe cualquier cosa. Y como lo importante se deja «para cuando haya un hueco», acaba cayendo en el hueco que queda, que suele ser el peor del día.

La cabeza sube y baja

Tu capacidad de concentrarte se parece más al mar que a una batería que se va vaciando de la mañana a la noche: sube, baja y vuelve a subir varias veces a lo largo del día. Hay tramos en los que la cabeza corta y tramos en los que apenas empuja, y no caen a la misma hora en todo el mundo. Hay quien piensa mejor a las ocho y quien no arranca hasta las once.

El problema aparece cuando peleas contra la ola. Pones lo que exige más cabeza en una hora valle y lo sacas adelante a base de voluntad, café y culpa. Sale, pero sale caro, y esa factura la pagas por la tarde, cuando llegas a casa sin nada para ti.

Poner lo importante en tu peor hora es condenarlo con buena intención.

Por qué casi nadie lo aplica

Si el mecanismo es tan conocido, cuesta entender que tan poca gente organice el día así. Hay dos razones bastante corrientes.

La primera es que el día no se diseña, se rellena. Llega lo que llega, en el orden en que llega, y las mañanas, que para mucha gente son su mejor tramo, se van en contestar lo que entró durante la noche. Cuando por fin te sientas con lo importante, ya vas cuesta abajo.

La segunda es que casi nadie ha mirado su propia curva. Sabemos a qué hora entramos a trabajar, pero no a qué hora pensamos mejor. Lo suponemos, y la suposición suele venir contaminada por lo que creemos que deberíamos ser: gente de madrugar, gente que rinde igual de las nueve a las siete.

Una pista: la hora en la que te cuesta menos resistirte a una distracción suele ser tu pico. La hora en la que abres el móvil sin darte cuenta, tu valle.

Diseña un día por ritmos

La práctica tiene dos mitades, y la segunda es la que casi todo el mundo se salta.

1. Observa tres días

Durante tres días normales, apunta cada dos o tres horas cómo está tu cabeza, del uno al cinco. Sin interpretar nada. Al tercer día tendrás un dibujo bastante claro de tus subidas y tus bajadas, y probablemente no coincida del todo con el que imaginabas.

2. Elige tus rocas

Para mañana, escoge dos o tres tareas que, si las terminas, harán que el día haya valido. Solo esas. Calcula cuánto te va a pedir cada una y sé generoso, porque casi todo tarda más de lo que parece.

3. Reparte por ritmo

Las rocas van a tus picos. Lo mecánico (correos, llamadas, gestiones, papeleo) se agrupa en los valles, donde no necesita más de lo que tienes. Los descansos llevan su propio bloque en vez de ocupar lo que sobre. Y deja un colchón para lo que se tuerza, porque algo se va a torcer.

4. Al acabar, diez minutos

Mira qué parte del plan sobrevivió, cómo fue tu concentración en los bloques de roca y si los descansos te devolvieron algo. Anota un único ajuste para el día siguiente. El primer día diseñado sale mejor que el anterior y te enseña algo del siguiente, que ya es bastante.

El plan es un boceto

Nada de esto consiste en convertir tu agenda en un tetris perfecto. Un día diseñado lleva aire: huecos para lo imprevisto y la aceptación de que el plan se va a mover. Lo que buscas es que lo importante tenga sitio en tu mejor hora antes de que el día se lo coma.

Y respetar las bajadas forma parte del plan. Un valle deja de ser una hora perdida en cuanto lo usas para lo que cabe en él, incluido parar un rato de verdad. De eso escribimos en parar no es descansar, porque los valles son también el sitio donde se recupera lo que gastaste en la ola.

Veintiocho días para mirar tu propia ola

Recupera tu energía es nuestro programa de 28 días para recuperar tu energía: cada día, una lección breve y una práctica guiada con audio, unos diez minutos en total. La primera semana empieza por aquí, mirando cómo sube y baja tu energía a lo largo del día antes de cambiar nada. Cuesta 29,95 €, pago único. Ver el programa. Y si prefieres ver todas nuestras formaciones, están en formación online.

Scroll al inicio
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad